sábado, 19 de junio de 2010

Por una vida (universitaria) mejor

CAPÍTULO 1
Tenía 18 años recién cumplidos cuando conseguí mi objetivo: entré en la Facultad de Traducción e Interpretación de la UAB. No conocía a nadie y me sentía muy pez, pero a la semana hice amistad con una persona con la que compartía aficiones y, al poco, se formó un grupito. Al menos ya no estaba sola.

Pero en mi clase de lengua C, portugués, no había ninguna de mis nuevas amigas. Sin embargo, allí había una chica que ya estaba en cuarto de carrera, Nicole. Ella estaba haciendo portugués de primero para sacarse las últimas asignaturas optativas o de libre elección, no recuerdo. El caso es que ella apenas podía asistir a clase porque se le solapaba con otras asignaturas, tenía muchos trabajos, etc. Yo me dedicaba a enviarle mails explicándole lo que habíamos hecho en clase, diciéndole qué había de deberes, si la profesora había puesto algún examen, etc.

Así, entre novedades y mucho trabajo, pasó el primer semestre. Y suspendí catalán A1. Todo un drama: era la primera vez que suspendía una asignatura. Me había esforzado al máximo, pero no había conseguido aprobar.

Al empezar el segundo semestre, mi vida seguía igual, pero estaba muy preocupada: quería recuperar catalán A1 en junio, y quería aprobar a la primera catalán A2 de ese semestre. Había buscado apuntes y ejercicios por todas partes, pero no encontré nada que no tuviera ya. Le hablé a Nicole de mi problema con esas asignaturas y ella me dejó un tocho inmenso de apuntes y ejercicios para que practicara.

¿Qué hice yo? Me pasé a limpio todos sus apuntes, complementando los que yo ya tenía. Con sus ejercicios, en lugar de hacerme fotocopias y aprendérmelos de memoria, hice lo siguiente: en un Word, copié todos los ejercicios sin las respuestas, agrupándolos por tema; una vez hecho, en otro Word hice un copiar-pegar y añadí las respuestas correctas marcadas en negrita. Básicamente, lo que me quedó fue un tochaco de ejercicios para hacer, y otro tochaco con las respuestas a esos ejercicios.

Una vez todo listo, practiqué como una loca. Entendí, aprendí y recuperé catalán A1 y aprobé a la primera catalán A2.

Yo estaba completamente eufórica, pero a la vez sentía pena por no poder devolverle ese favor a Nicole. Sí, yo la había ayudado a ella con portugués, pero seguía sin parecerme suficiente. Siempre he pensado que, aunque yo no hubiera estado allí, Nicole hubiera aprobado igual, ya que cualquier otra persona le podría haber enviado correos para mantenerla al día. Sin embargo, si Nicole no hubiera tenido la bondad de dejarme ese montón de apuntes magníficos, probablemente yo aún estaría repitiendo catalán.


CAPÍTULO 2
Pasó el tiempo y llegué a tercero de carrera. Se cumplió otro de mis objetivos: tenía plaza para estudiar japonés como segunda lengua C. Yo ya llevaba dos años estudiando japonés en una academia y, a pesar de que el nivel aumentaba a una velocidad increíble, durante el primer año no aprendí nada nuevo, sino que reforcé lo que ya sabía.

En clase de japonés conocí a otra personita, Flor. Ella acababa de entrar en la carrera y, al principio, estaba igual de perdida que yo cuando empecé. A Flor le costaba muchísimo japonés: se esforzaba al máximo, pero el nivel iba aumentando a tal velocidad que no le daba tiempo a asimilar los conceptos.

Durante los dos años que fui con ella a japonés, encontré la manera de devolverle el favor a Nicole: ayudando a Flor. Compartíamos apuntes, hacíamos las exposiciones orales juntas, le explicaba lo que no entendía (sobre todo al principio, porque durante el segundo año ya me pilló el carro de japonés a mí también)... Ayudé a Flor en todo lo que pude para que pudiera sacarse japonés. Debo ser sincera y decir que, con japonés C2, no lo conseguí, pero siempre intenté estar allí, animándola y ayudándola en todo lo que estuviera en mi mano.


EPÍLOGO
Un día, estando yo ya en cuarto curso, casi acabando la carrera, Flor me dijo que le gustaría ayudarme en algo, pero que era imposible porque yo iba mucho más adelantada. Le dije que, si de verdad quería devolverme el favor, hiciera lo siguiente: si alguna vez conocía a alguien que estuviera unos cursos por debajo de ella, que lo ayudara. Sin más. Dejando apuntes, dando consejos... como fuera, pero que lo ayudara.


MORALEJA
Sé que quizás mucha gente no entenderá lo que quiero decir con esta entrada. Básicamente, lo que quiero decir es: ¿se necesita una razón para ayudar a alguien?

Yo ayudé a Nicole. ¿Por qué? Porque estaba en mi mano. Ella, a cambio, me ayudó a mí. Yo ayudé a Flor. Quizás ella, en un futuro, ayude a otro universitario perdido. Y quizás este universitario perdido ayude a otra persona, y así.

Lo sé, parece una historia sacada de la película "Cadena de favores", pero, sinceramente, yo creo en ello. Creo firmemente que si recibes ayuda de alguien, tu deber es ayudar, si no a la persona que te ha tenido la mano, a otra. Ayuda siempre que sea posible. No esperes nada a cambio. Pero ten en cuenta siempre que si ayudas, te ayudarán.

No soy la primera en decir algo así, lo sé, pero quería contar mi historia universitaria para que veáis que es cierto, que la "cadena de favores" funciona. Siempre habrá algún eslabón que se rompa, pero no por ello hay que ser un rancio y pensar solo en uno mismo.

Y ya por último, ¿a qué demonios viene esto? Pues que, estos últimos meses, he andado algo insegura y, de la nada, han salido un montón de manos para ayudarme a caminar. Manos a las que he llamado, y que han venido. Manos a las que nunca podré devolverles el favor, puesto a que están "varios cursos" por encima de mí. Para todas esas manos, ayudarme no les habrá supuesto ningún esfuerzo, pero para mí han sido la diferencia de arrastrarme a andar de pie.

8 comentarios:

  1. tenés toda la razón!! GRACIAS POR TODA ESA AYUDA QUE ME BRINDASTE, ANA! :D:D!!!
    muchos besos, y ni dudes en que te voy a "devolver" el favor ;)!

    flor

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  2. Me alegra mucho leer eso ^__^.

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  3. Muy bonita esta entrada, Ana. :)

    Sabiendo que en nuestra carrera te encuentras de todo, es loable ver que siempre te has esforzado por ayudar a los demás y que, además, otros te han ayudado.

    Desde luego, a través de tus palabras se nota que eres una buena persona. :) Y aunque el mundo sea a veces cruel e injusto con gente así, las buenas personas tarde o temprano tienen lo que se merecen. Estoy convencido de ello.

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  4. Creo que lo que cuento aquí es un estilo de vida, y que puede ir mucho más allá de la universidad.

    A pesar de todo, soy consciente de que mucha gente creerá que no vale la pena, que los demás se acabarán aprovechando de ti.

    Pero bueno, a mí esta mentalidad me ha ido bien y me ha ayudado a encontrar gente que vale muchísimo la pena. He empezado a creer en el karma, o como quieras llamarlo: lo bueno que das, vuelve. Siempre.

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  5. Ya que estudias japonés, debes saber que aquí en Japón es exactamente ésa la filosofía, entre estudiantes senpai (mayores) y kôhai (menores). Los primeros ayudan y aconsejan a los segundos, incluso pagan más (o todo) cuando organizan actividades extra-académicas, cenas, etc. Los kôhai nunca podrán devolverle el favor a sus senpai, pero lo harán con los estudiantes nuevos (nuevos kôhai) cuando sean ellos quienes estén arriba (y se conviertan en los senpai). Así se forma una cadena en que los favores se devuelven siempre "hacia abajo" y que va de generación en generación... Por supuesto, cuando estás en medio tienes a la vez kôhai y senpai, y te toca un poco de todo.
    Bueno, he llegado aquí por el blog "Algo más que traducir". Saludos y muchos ánimos.

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  6. Ojalá todo el mundo pensara y actuara como tú, Ana.

    A mí me ha ocurrido una cosa muy parecida (con Ashira, sin ir más lejos, a la que jamás, jamás creo que pueda devolverle ni la mitad de sus esfuerzos), y creo que eso que decían en la Bola de Cristal era cierto: solo no puedes, con amigos sí. Y nunca se sabe, puede que algún día puedas también devolver esos favores a la persona en cuestión. Por desgracia creo que estos pequeños detalles se van perdiendo cada día más. Me he cruzado con un montón de gente con mala baba en la carrera, que parecía considerar que "es mejor quitarse a los rivales ahora que antes de que estén titulados" (frase literal de una...una, dejémoslo así), una forma un tanto triste de actuar ya que, en mi opinión, lo que uno vale no debería determinarse a base de machacar a otras personas ni de compararse con nadie, sino demostrando qué es lo que te hace distinto.

    Los niños (y yo los llamo así porque por su actitud es lo que me parecen) que suben ahora a tercero y cuarto me dan miedo. Por desgracia dejé el japonés un año de lado, cosa que ahora estoy pagando entre otras cosas conviviendo con estos chicos. Puedo decir que los primeros días salía de clase con ganas de llorar, por su arrogancia y por esa constante actitud de necesitar reafirmarse tirándose al cuello del más débil. Espero que al menos, de todos ellos, siempre quede uno como tú.

    Un saludo desde las tierras del exilio,

    Marshmallow

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  7. Creo que el hecho de que haya tantísima competencia para todo nos hace cada vez más egoístas. En clase, siempre cae alguno que quiere demostrar que está por encima de la media y, para seguir estando arriba, en la vida te va a ayudar.

    Gente así va a haber toda la vida, así que pienso que la grandeza de todo esto es saber reconocerlos a tiempo y tener buen ojo a la hora de relacionarse. Yo en la uni tuve suerte y, entre mi grupo de amistades, había una chica bastante más inteligente que yo, con la que siempre hacía los trabajos y que me ayudó un montón.

    Ser buena gente y ser "El idiota" de Dostoyevski no es lo mismo, aunque realmente hay una línea bastante fina entre ambas cosas.

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  8. Oye, mira que leí entradas bonitas en diferentes blogs, pero esta especialmente me ha hecho un poco más feliz. Siempre es muy grato ver como entre todos podemos ayudarnos y desde luego, siempre será una envidia no ser ni Flor ni Nicole para poder contar con tu ayuda.

    Muchas gracias por tus ideas y sigue así.

    Náder

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